El León y el Mosquito
"Vete insecto ruin, inmundicia de la tierra". Así le hablo un día el león al mosquito. El mosquito, ofendido, pronto le declaro la guerra.
"¿Piensas acaso que me asusta o intimida tu estirpe real? Un buey es mas fuerte que tú y lo manejo a mi antojo."
Cuando termino de decir estas palabras hizo sonar la señal de combate.
Fue trompetoso y paladín. Retrocedió, tomó impulso, pasó sobre el lomo del león y se lazó sobre su cuello. El león rugió enloquecido y sus ojos relampaguearon de rabia.
Todos los animales que estaban cerca se escondieron aterrorizados.
¡Y este pánico general era obra de un mosquito que hostigaba al león por todas partes!
Tan pronto le picaba el lomo como el húmedo hocico y la nariz. El casi invisible insecto se burlaba de la furiosa bestia al ver sus patas ensangrentadas, mientras la desdichada fiera se revolvía contra si misma, haciendo estallar la cola contra su lomo y azotando el aire hasta que sus fuerzas le fallaron y cayó extenuada.
El mosquito se retiró de la pelea, triunfante, y con el mismo /clarín con el que había anunciado el ataque, declaró su victoria, que fue a anunciar por todas partes.
Por el camino cayó en la tela de una araña donde encontró su fin después de hacer tanto alarde de sus proezas.
¿Que podemos aprender de esta historia?
Dos cosas: La primera, que nuestros enemigos mas temibles suelen ser los mas pequeños.
La segunda nos muestra que después de vencer grandes peligros podemos perecer ante el mas pequeño.
El pastorcito mentiroso.
Los habitantes del pueblo dejaron su trabajo y corrieron hacia el prado para ayudarlo. Pero cuando llegaron allí, el muchacho se burló de ellos y de su esforzada carrera, porque no había ningún lobo .
La liebre y la tortuga
El pastorcito mentiroso.
Érase una vez un joven pastor que cuidaba de su rebaño de ovejas cerca del pueblo. Un día pensó en gastarles una broma a sus vecinos para divertirse a su costa. Así que se dirigió al pueblo corriendo mientras gritaba: - ¡ Viene el lobo! ¡Ayúdenme! ¡El lobo viene a comerme mis ovejas!
Los habitantes del pueblo dejaron su trabajo y corrieron hacia el prado para ayudarlo. Pero cuando llegaron allí, el muchacho se burló de ellos y de su esforzada carrera, porque no había ningún lobo .
En otra ocasión, el chico repitió la misma broma. Los campesinos acudieron corriendo para ayudarlo y de nuevo fueron objeto de burla.
Pero un día, el lobo se presentó de verdad en el prado y atacó a las ovejas. Muy asustado, el chico corrió y gritó: -¡El lobo! ¡El lobo! ¡Socorro!
Los campesinos lo oyeron, pero pensaron que se trataba de otra broma. Nadie le prestó la menor atención ni acudió en su ayuda. Fue así que el pastocito, por mentiroso, perdió todo su rebaño.
Moraleja
A los mentirosos nadie les cree, ni siquiera cuando dicen la verdad.
La gallinita roja
Habia una vez una gallinita roja que encontró un grano de trigo.
-¿ Quién plantará este trigo?- preguntó.
- Yo no- dijo el perro.
- Yo no- dijo el gato.
- Yo no- dijo el cerdo.
- Yo no- dijo el pavo.
- Entonces lo haré yo- dijo la gallinita roja-. ¡Coc, coc!
Y plantó el grano de trigo, que no tardó en crecer. Asomaron de la tierra hojas verdes. El sol brilló, cayó la lluvia y el trigo creció hasta ser alto, fuerte y maduro.
- ¿Quién cortará este trigo?- preguntó la gallinita roja.
- Yo no- dijo el perro.
- Yo no- dijo el gato.
- Yo no- dijo el cerdo.
- Yo no- dijo el pavo.
- Entonces lo haré yo- dijo la gallinita roja-. ¡Coc, coc!
Y cortó el trigo.
- ¿Quién trillará el trigo?- preguntó la gallinita roja.
- Yo no- dijo el perro.
- Yo no- dijo el gato.
- Yo no- dijo el cerdo.
- Yo no- dijo el pavo.
- Entonces lo haré yo- dijo la gallinita roja-.
Y trilló el trigo.
-¿ Quién llevará el trigo al molino para hacer la harina?- preguntó la gallinita roja.
- Yo no- dijo el perro.
- Yo no- dijo el gato.
- Yo no- dijo el cerdo.
- Yo no- dijo el pavo.
- Entonces lo haré yo- dijo la gallinita roja-.
-¿Quién cocerá la harina?- preguntó la gallinita roja.
Nuevamente, todos los animales contestaron que no.
- Entonces lo haré yo- dijo la gallinita roja-. ¡Coc, coc!
Coció la harina y obtuvo una hogaza de pan.
-¿ Quién comerá este pan?- preguntó la gallinita roja.
- Yo - dijo el perro.
- Yo - dijo el gato.
- Yo - dijo el cerdo.
- Yo - dijo el pavo.
- No, me lo comeré yo- dijo la gallinita roja-. ¡Coc, coc!
Y se comió la hogaza de pan.
Moraleja
Para disfrutar de la recompensa hay que colaborar con el trabajo.
La liebre y la tortuga
Una vez, una liebre se burló de una tortuga.
-¡Hay que ver que lenta eres! ¡Avanzas tan despacito!
-¿De veras? - preguntó la tortuga.- Atrévete a hacer una carrera conmigo y verás como te gano.
-Eres una fanfarrona- dijo la liebre.- ¡Acepto el desafío!
Para que la competencia fuera justa, le pidieron a la zorra que señalara la línea de llegada y de partida.
La zorra era muy sabia y justa. Les mostró donde deberían empezar y hasta donde tendrían que correr.
La tortuga no perdió el tiempo. Partió enseguida y avanzó sin prisa pero sin pausa.
En unos minutos, la liebre se adelantó velozmente dando unos cuantos brincos hasta dejar a la tortuga muy rezagada. Sabía que alcanzaría la meta rápidamente, así que se tumbó bajo la sombre de un árbol para descansar y dormir un rato.
Más tarde, despertó y se acordó de la carrera. Se levantó de un salto y echó a correr tan rápido como pudo. ¡Pero al llegar a la meta la tortuga ya estaba allí!
- El paso lento y perseverante gana la carrera- sentenció la zorra.
Moraleja
No subestimes las capacidades propias o ajenas y sé constante en todo lo que te propongas.


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